Mi esposa cada vez más caliente y descontrolada parte 5
Desde que empezó a tomar esos polvos extraños para su piel, la muy zorra no para de pedirme que la folle con más saña cada noche. No es que antes no me gustara su coño apretado, pero ahora se corre como una loca cada vez que la empotro contra la pared del baño. Anoche, mientras se lavaba los pechos enormes con agua bien fría, me acerqué por detrás y le metí la polla hasta el fondo sin avisar, sintiendo cómo su culo se estremecía de placer. Ella gimió como una puta en celo, con los pezones duros como piedras y el coño ya empapado, chorreando jugos por las piernas. No pude resistirme y le agarré las tetas firmes mientras le clavaba la verga hasta las pelotas, haciendo que su espalda se arqueara de puro éxtasis. La muy viciosa me pidió que le llenara la boca de leche hasta ahogarla, así que le metí la polla hasta la garganta y le solté todo el semen bien espeso, viendo cómo se le escurría por las comisuras. Después, la tumbé boca arriba en la cama y le metí la verga con fuerza, sintiendo cómo su coño se contraía alrededor de mi miembro cada vez que se corría, lanzando chorros de jugos por todas partes. Terminamos los dos sudando, con el colchón lleno de manchas mojadas y ella pidiendo más, como si no hubiera tenido suficiente. Esta vez le dejé un buen reguero de leche en su cara, mientras le susurraba al oído lo guarra que se había puesto desde que empezó con esas tonterías de los polvos. No sé qué le habrán echado, pero ahora mismo es la putita más cachonda que he tenido en la cama.