Robin la puta empotrada por polla de shanks
Desde que la vio por primera vez en ese maldito barco, no pudo sacársela de la cabeza a esa rubia de tetas duras y coño siempre mojado. Cada vez que pasaba frente a su cabinita, Robin se mordía el labio inferior mientras se imaginaba cómo sería sentir esa verga monstruosa reventándole el culo redondo. Shanks no perdió el tiempo y, en cuanto la tuvo entre sus brazos, le arrancó el vestido ajustado sin piedad, dejando al descubierto unos pezones rosados que ya estaban duros como piedras. Ella gimió fuerte cuando él le apretó las nalgas con fuerza mientras le susurraba al oído lo que le iba a hacer, y la morra no pudo evitar mojarse aún más entre las piernas. Con un empujón la tiró sobre la cama y le abrió las piernas de un tirón para dejar su coño empapado al descubierto, listo para ser devorado. Shanks se abalanzó sobre ese chupete rosado, lamiendo cada pliegue con desesperación mientras ella arqueaba la espalda y le clavaba las uñas en la espalda. No conforme con eso, se puso de pie y le ordenó que se pusiera en cuatro, ofreciéndole ese culito prieto y redondo que tanto deseaba empotrar. La primera embestida fue brutal, rompiendo la resistencia inicial de su agujero virgen mientras ella gritaba de placer mezclado con dolor. Shanks no la trato con cuidado, al contrario, la embistió una y otra vez con fuerza animal, haciendo que sus tetas rebotaran como locas con cada impacto. Robin no aguantó más y se corrió gritando su nombre, empapando las sábanas mientras el semen caliente de Shanks le llenaba el coño hasta rebosar. Cuando por fin se desplomó sobre su cuerpo sudado, ella solo atino a susurrar 'otra vez', mientras él se reía satisfecho sabiendo que no sería la última vez que la follara sin piedad.