Natsu y Nami se follan como putas en la animación
Natsu no pudo aguantar más cuando la vio a Nami lamiéndose los labios con esa mirada de zorra, con el vestido ajustado marcándole los pechos redondos y el coño húmedo que se le notaba bajo el tanga. Sin pensarlo dos veces, la agarró por la cintura y la pegó contra la pared del estudio de animación, donde los lápices y las pantallas quedaron olvidados al instante. Ella gimió cuando él le arrancó el vestido de un tirón, dejando al descubierto unos pezones duros que él chupó con avidez mientras le apretaba el culo redondo con ambas manos, sintiendo cómo se le humedecía el coño de solo imaginársela empotrada. Nami le bajó el pantalón con desesperación y sacó su polla gruesa, gruñendo al sentir el calor de los dedos de él jugueteando con su raja antes de clavarle los dedos dentro, haciendo que se le escapara un quejido sucio mientras el lubricante natural le resbalaba por los muslos. Él la levantó en peso y la sentó sobre el escritorio, con las piernas abiertas mostrando su conejito rosado y empapado, mientras ella se agarraba a la mesa con fuerza al sentir cómo le metía la verga hasta el fondo sin piedad, empotrándola con embestidas brutales que le hacían botar los pechos al ritmo de cada golpe. Nami gritaba como una loca, con los ojos en blanco y la boca entreabierta, mientras él le tiraba del pelo y le obligaba a chuparle los huevos antes de volver a clavársela hasta el fondo, sintiendo cómo el coño le temblaba alrededor de su carne palpitante. Los dos sudaban como cerdos, con los cuerpos pegajosos de lubricante y sudor, mientras él le cambiaba de posición una y otra vez: de rodillas en el suelo para que ella se la tragara entera, de espaldas sobre el sofá para empalmarla contra el respaldo, incluso colgada de una lámpara con las piernas enredadas en su cintura mientras él la follaba como un animal. Nami se corrió dos veces antes de que él la llenara hasta arriba con su leche caliente, dejando que el semen le resbalara por las nalgas al salirle, mientras ella se dejaba caer sobre la alfombra, exhausta pero con una sonrisa de puta satisfecha. La animación quedó en pausa para siempre, porque lo único que importaba ahora era ese cuerpazo sudado y ese olor a sexo que lo impregnaba todo, como si el estudio entero hubiera ardido en llamas de placer descontrolado.