Estudiante curvilínea se deja empotrar en el vestuario
La profesora de educación física siempre llevaba unos leggings ajustados que marcaban su culo redondo y sus tetas gigantes, y los alumnos no podían dejar de babear cada vez que se inclinaba para recoger un balón. Un día, después de clases, la pilló a solas en el vestuario, donde el olor a sudor y goma de mascar flotaba en el aire. Ella, con su uniforme de profesora sexy, se dejó caer contra la taquilla mientras él le arrancaba el tanga con los dientes, dejando al descubierto su coño bien mojado. La agarró de las caderas y le metió la polla hasta el fondo, haciendo que gimiera fuerte mientras sus tetas rebotaban con cada embestida. El sonido de la carne chocando contra la carne resonaba en el vestuario vacío, y ella no podía evitar gritar cada vez que él le daba más duro. La profesora, con su voz ronca de placer, le ordenó que se corriera dentro de ella, y él no pudo resistirse. Con un gruñido, le llenó el coño con su leche caliente, dejando a ambos jadeando y sudando contra la pared fría del vestuario. La próxima vez que los alumnos la vieran, sabrían exactamente por qué siempre tenía esa sonrisa satisfecha.