Dotado musculoso me empotró a pelo en el gimnasio
El tipo de la academia siempre me miraba con esa polla enorme marcándose en el pantalón, pero nunca pensé que se atrevería a sacarla así, sin avisar. Un día, después de una sesión de pesas, me agarró del culo y me empujó contra la pared, metiéndome la lengua hasta la garganta mientras me sobaba el trasero. Su mano bajó hasta mi tanga, y con un tirón lo rompió, dejando mi culo al aire. Sin perder tiempo, me dobló sobre un banco y escupió en su verga antes de clavármela hasta el fondo, haciendo que gritara como una puta. Cada embestida era más profunda, más salvaje, mientras su polla me partía el culo sin piedad. El sonido de su piel golpeando la mía resonaba en el gimnasio vacío, y sus gemidos se mezclaban con los míos. Sentía cómo su verga me llenaba por completo, rozando ese punto que me hacía temblar. Cuando ya no aguantó más, me agarró de las caderas y me corrió dentro, llenándome hasta rebosar. Su leche caliente goteaba por mis muslos mientras él se reía, satisfecho de haberme roto el culo a su gusto.