Mi profesor negro me empotró hasta correrme dentro
Desde que entró a dar clases, él no podía quitarme los ojos de encima... Hoy, en su casa, me pidió que pasara a su estudio después de clases para repasar el examen. Lo que empezó como un simple repaso terminó con su polla dura como una roca presionando contra mi culo mientras me susurraba al oído que era mi profesor y que no debía decir nada. Me empujó contra la mesa, arrancándome los pantalones con un tirón seco mientras yo gemía de anticipación, sintiendo cómo su verga gruesa y caliente se frotaba contra mi entrada sin protección. Sin aviso, me levantó de un brazo y me dobló sobre el sofá, separándome las nalgas con las manos mientras escupía en su palma para lubricar mejor mi agujero bien prieto. Cada embestida suya era brutal, profunda, haciendo que mis gritos llenaran el cuarto mientras su cadera golpeaba contra mi culo sonoramente. Él no se contenía, metiendo su polla negra hasta el fondo una y otra vez, gruñendo como un animal en celo mientras yo no podía más que ahogar mis gemidos en el cojín. Cuando menos lo esperaba, sentí su leche caliente inundando mis entrañas sin piedad, llenándome por completo mientras me ordenaba que no me moviera ni un milímetro para no perder ni gota. Después, me obligó a arrodillarme frente a él para chupársela hasta dejarla limpia, tragándome cada gota de su corrida espesa mientras me miraba con una sonrisa de satisfacción. Luego, sin decir palabra, me empujó contra la pared y me volvió a empalar desde atrás, esta vez con más rudeza, mordiéndome el hombro mientras su polla enorme me reventaba por dentro. La tercera vez que me llenó de leche fue la definitiva, dejándome la entrepierna chorreando y el culo adolorido pero más que satisfecho.