El culito apretado de este latino se deja empotrar por primera vez
El chico recién llegó al barrio y ya todas las miradas se clavaban en su cuerpazo esculpido y ese culito redondo que no podía esconder bajo los shorts ajustados. Un día, mientras se estiraba en el parque, un vecino mayor no pudo resistirse y se acercó para ofrecerle una bebida fría. Al sentarse juntos, el joven notó cómo la mano del hombre rozaba su muslo con disimulo, pero en vez de alejarse, dejó que los dedos subieran hasta su entrepierna. La polla del muchacho se puso dura al instante, y el tipo no perdió tiempo en bajarle los pantalones para chupársela con ganas, metiéndosela hasta la garganta mientras le apretaba las nalgas con fuerza. El chico gemía como loco, arqueando la espalda para que el hombre le metiera los dedos en el culo, que ya estaba bien mojado de excitación. Sin avisar, el vecino lo empujó contra el pasto y le abrió las piernas para clavársela de un solo golpe, haciendo que el joven gritara de placer. Las embestidas eran brutales, el culo del chico rebotaba con cada penetración, y la polla del hombre lo llenaba por completo. Cuando ya no aguantó más, el muchacho se corrió a chorros, manchando el pasto mientras el otro le seguía metiendo hasta vaciarse dentro. Al terminar, los dos jadeaban, sudados y con las pollas todavía duras, sabiendo que esto no sería la última vez.