Spencer Scott atrapa a una ladrona y la castiga con su polla
Spencer Scott no esperaba que su día de compras terminara así. La pequeña ladrona, con su culito apretado y sus tetitas firmes, había robado un par de cosas en la tienda, pero no contaba con que él la siguiera y la acorralara en el estacionamiento. Cuando la chica de apenas 18 años vio su polla enorme, sus ojos se abrieron como platos: nunca había visto algo tan grande. Spencer no perdió tiempo, la empujó contra el auto y le arrancó el short, dejando al descubierto su coño rosado y ya mojado. La chica gimió cuando él le metió dos dedos, sintiendo cómo su carne se ajustaba a sus gruesos dedos. 'No me lastimes', suplicó, pero Spencer solo sonrió y le ordenó que se arrodillara. La pequeña ladrona obedeció, y cuando abrió la boca, él le agarró el pelo y le metió la polla hasta las pelotas, haciendo que se atragantara con cada embestida. Las lágrimas rodaban por sus mejillas mientras él la follaba la boca sin piedad, pero su coño seguía chorreando. Spencer la levantó, la dobló sobre el capó del auto y le hundió la polla en el culo de una estocada, haciendo que gritara de dolor y placer. El sonido de sus nalgas chocando contra su pelvis resonaba en el estacionamiento vacío. La chica no podía creer lo llena que estaba, pero cuando él le agarró las tetitas y le pellizcó los pezones, supo que no había escapatoria. Spencer la empotró contra el auto una y otra vez, sintiendo cómo su culo se apretaba alrededor de su verga. Cuando ya no pudo aguantar más, la sacó y le corrió toda la leche en la espalda, marcándola como suya. La chica, temblando, solo pudo susurrar: '¿Y si vuelvo a robar?'. Spencer sonrió y le dijo: 'La próxima vez, te voy a follar en público para que todos vean cómo te gusta ser una puta'.