Padre folla hijastra y ella lo disfruta a escondidas
"Ya no aguanto más, papi, necesito que me lo metas hoy mismo", le susurré mientras me apretaba contra él en la cocina. Llevábamos semanas con esa tensión insoportable, miradas robadas y rozamientos que me dejaban el coño empapado. Ike Diezel, mi padrastro, siempre con esa polla dura que se marcaba en el pantalón, me volvía loca. Esa tarde, cuando todos salieron, no pude resistirme. Me arrodillé frente a él y saqué su verga gruesa, chupándola con ganas mientras gemía como una perra en celo. "Así me gusta, zorra, trágatelo todo", gruñó mientras me agarraba del pelo. Me levantó y me dobló sobre la mesa, entrando en mi culo apretado de una estocada que me hizo gritar. Sentí cómo me destrozaba el ano con cada embestida, su polla enorme llenándome hasta el cuello del útero. "Papá, más fuerte, quiero que me rompas", le supliqué mientras me corría en su verga. Me dio la vuelta y me empotró contra la pared, sus pelotas golpeándome el clítoris con cada movimiento. Cuando por fin se corrió dentro de mí, sentí su leche caliente inundándome el vientre. "La próxima vez será en tu cama, hijastra, y no pararé hasta dejarte sin caminar", me advirtió con una sonrisa perversa.