Olhar me montó en la silla y luego me llevó a la cama
Olhar me tenía loca desde que entró por la puerta, con ese culo redondo y tatuado que no podía dejar de mirar. Sabía que si alguien nos pillaba, estaríamos jodidos, pero no pude resistir la tentación de sentarme sobre su polla dura mientras él me sostenía en esa silla. Cada vez que me movía, sentía cómo su verga gruesa rozaba mis paredes, haciendo que mi coño se mojara más y más. Él gemía bajito, mordiendo mi cuello para ahogar los sonidos, mientras yo apretaba su cintura con las piernas, sintiendo cómo su polla entraba hasta las pelotas. De repente, escuché pasos en el pasillo y me quedé helada, pero Olhar me empujó contra la cama y me penetró de una estocada, haciendo que mis gemidos se convirtieran en un susurro ahogado. Su polla entraba y salía de mi culo con fuerza, y cada embestida me hacía temblar, temiendo que alguien nos descubriera. El riesgo de ser pillados solo me excitaba más, y cuando sentí que su verga se hinchaba dentro de mí, supe que iba a correrse. Me agarró del pelo y me empotró contra el colchón, llenándome el culo con su leche caliente mientras yo me mordía los labios para no gritar. Fue intenso, rápido y peligroso, justo como lo quería.