La esposa infiel humilla al cornudo mientras se folla a otro
No podía aguantar más la tensión de esos días de miradas robadas y susurros cargados de promesas. Jennifaria había estado jugando con él, dejándolo ver cómo se vestía con esa lencería negra ajustada, cómo se movía con ese culo perfecto balanceándose frente a él, sabiendo que no podía tocarla. Pero hoy no habría castigos: hoy se la follaría otro, y el cornudo tendría que mirar. Aquel Mario entró en escena con una polla dura como piedra, listo para darle lo que su marido no podía. Jennifaria se arrodilló primero, chupando con avidez, dejando que el otro le agarrara el pelo mientras el cornudo observaba, con la boca seca y los pantalones mojados. Luego lo montó a horcajadas, gimiendo cuando esa verga gruesa la llenó hasta las pelotas, sus tetas grandes rebotando con cada embestida. El cornudo se masturbaba en silencio, pero ella lo notó y le ordenó que se acercara, que le lamiera el coño mientras Aquel Mario la embestía por detrás. Los gemidos de Jennifaria se volvieron más fuertes, su cuerpo temblando cuando el otro le agarró las caderas con fuerza, clavándosela con cada estocada. El cornudo, ya al borde, no aguantó más y se corrió sobre el suelo, pero ella solo se rio y le dijo: '¿Ves lo que te pierdes, puto?'