Navidad en casa de amigos con pollón sudado
El latino musculoso llegó a la fiesta con la camisa pegada al cuerpo mostrando esos abdominales que tanto le gustan a los chicos de Barcelona. Mientras los demás brindaban con sidra, él se quedó mirando cómo el chico más guapo del grupo se lamía los labios sin poder apartar la vista de esa verga enorme que le colgaba del pantalón ajustado. Sin decir ni una palabra, lo agarró del cuello de la camiseta y lo arrinconó contra la pared del salón, donde las luces navideñas parpadeaban como si fueran testigos mudos de lo que venía. El grandullón le bajó los pantalones de un tirón dejando al descubierto una polla gruesa y venosa que ya goteaba por la punta, lista para clavarse hasta el fondo. El chico más joven gimió cuando sintió el primer empellón, con las nalgas abriéndose para recibir cada embestida brutal mientras la verga le abría el culo sin piedad. Las manos del musculoso le apretaban las caderas con fuerza, marcando la piel morena de moratones rojos mientras sus pelotas golpeaban contra el perineo con un sonido húmedo y sucio. Entre gemidos ahogados y jadeos roncos, el más joven se corrió primero, rociando el sofá con hilos gruesos de leche pegajosa que resbalaban por el cuero sintético. El grandullón no tardó en seguirle, llenándole el recto de leche caliente que le resbalaba entre las piernas mientras se derrumbaba sobre su espalda sudorosa, jadeando como un animal satisfecho. La fiesta seguía a su alrededor, pero para ellos el tiempo se había detenido en ese instante de carne palpitante y gritos ahogados bajo el árbol de Navidad.