Manuel Keny destrozando el culo de un amateur en la calle
—Así te voy a romper, putita. —Uleison me miró con esa sonrisa de perro en celo mientras me arrastraba hacia el edificio abandonado. La noche olía a cemento viejo y sudor, y yo solo podía pensar en que mi ex se iba a enterar de esto. Su verga ya estaba dura antes de tocarme, gruesa y caliente como el acero al rojo. Me bajó los jeans de un tirón, dejándome el culo al aire, y sin avisar me enterró hasta las pelotas de un solo embiste. Gemí como una perra en celo, los azulejos fríos contra mis rodillas mientras él me embestía sin piedad. Cada empujón me hacía chocar contra la pared, el ruido de su pelvis contra mi culo resonando en el pasillo vacío. Agarró mis caderas con fuerza, marcándome los dedos, y empezó a moverse como si quisiera partirme por la mitad. En más de 11 minutos, me tuvo a su merced, corriéndose dentro de mí con gruñidos de animal. Cuando terminó, mi ex todavía no sabía que otro hombre me había follado mejor que él, pero pronto lo descubriría.