Fisting anal amateur me pilló con la mano en el culo
Llevaba días obsesionado con el culo de Nikatsu, ese trasero redondo y tatuado que se movía bajo sus leggings cada vez que se agachaba. La tensión era insoportable, miradas robadas en la cocina, rozamientos casuales que dejaban el aire cargado. Hoy por fin cedió, me agarró de la camisa y me arrastró al baño. No dijo nada, solo se inclinó sobre el lavabo, levantó ese culo enorme y me miró por encima del hombro con una sonrisa pícara. Metí un dedo primero, luego dos, sintiendo cómo su agujero se abría poco a poco, caliente y apretado. Ella gemía como una loca mientras yo iba añadiendo más dedos, estirando ese culo hasta que mi mano entera entró sin resistencia. En más de 10 minutos de escena, su culo quedó tan abierto que se veía el interior, rojo y palpitante. Cuando saqué la mano, quedó un hueco perfecto, un círculo obsceno que no se cerraba. Al final, solo quedó el rastro de sus tatuajes brillando con sudor sobre la porcelana fría.