Mi madrastra curvy Elena orina al aire libre conmigo
El fresco aroma a hierba húmeda y tierra removida llenó mis pulmones cuando me agaché junto a él bajo el sol de la tarde. Durante semanas la tensión había crecido entre Aleksandr y yo con miradas robadas cada vez que cruzábamos en el pasillo o en la cocina sin que nadie más lo notara. Esa tarde decidimos salir al jardín trasero y la necesidad de orinar juntas se volvió la excusa perfecta para romper el hielo acumulado. Me bajé las bragas hasta los tobillos y sentí su mirada clavada en mi culo grande y curvy mientras el chorro salía caliente y abundante contra el césped. Él se acercó más y su mano rozó mi cadera gruesa primero con timidez luego con más fuerza hasta que sus dedos exploraron mi coño peludo ya mojado por la mezcla de orina y excitación. Me incorporé un poco y él me empotró contra un árbol cercano metiendo su polla dura entre mis nalgas gordas mientras gemía mi nombre al oído. El follamos con embestidas lentas al principio que se volvieron más profundas y rítmicas haciendo que mi vientre temblara y mi culo rebotara con cada choque. Mis piernas gruesas se abrieron más para recibirlo entero y el placer subió hasta que corrí con un grito ahogado sintiendo cómo su semen se mezclaba con el líquido que aún goteaba de mí. La braga empapada quedó abandonada sobre una hoja grande cerca del tronco.