Embarazada desafía a su hombre en un juego de ninjas
El sonido de los pies descalzos rozando el suelo de madera anuncia que ella ya está lista para la acción. Su vientre hinchado apenas la detiene, pero sabe que hoy quiere probarle a él que no es tan fácil de dominar. Con una sonrisa pícara, se agacha y le susurra al oído: '¿Crees que puedes manejarme?'. Él la agarra por la cintura, sintiendo la suavidad de su piel, y responde con un gruñido mientras sus manos bajan hasta su coño ya mojado. Ella gime cuando sus dedos la penetran, pero no se rinde: arquea la espalda y lo empuja hacia atrás, retándolo a seguir. Él no se hace esperar, la gira de golpe y la empotra contra la pared, hundiendo su polla hasta las pelotas en un solo movimiento. Ella grita, pero no de dolor, sino de placer, mientras sus uñas se clavan en sus hombros. El ritmo se acelera, los gemidos se mezclan con el sonido de la carne chocando, y ella siente cómo cada embestida la acerca más al borde. 'No te corras todavía', le ordena, pero él no puede contenerse: con un último empujón, se vacía dentro de ella, dejándola temblando. 'La próxima vez', le advierte ella, 'no seré tan fácil'.