Dos lesbianas con coños peludos follan con rabia tras una pelea
El olor a alcohol barato en su aliento me revolvió las tripas, pero no tanto como los gritos de celos que soltó cuando la empujé contra la pared, su tanga ya empapado de excitación. Me había enterado de que se acostaba con mi ex, así que le arreglé los putos cuernos como se merecía, metiendo los dedos en su chocho peludo hasta que gimió como una perra en celo. La tiré en la cama y le arranqué la ropa con los dientes, mordiendo sus pezones hasta que ya no pudo quejarse, solo gemir mientras mi boca bajaba por su vientre hasta encontrar su coño chorreando. Le metí la lengua hasta el clítoris hinchado, chupando con fuerza mientras ella se agarraba las tetas y gritaba que no parara, que no, que seguía celosa y que ahora yo le daría lo que ella le había robado. Le di la vuelta de un tirón, le separé las nalgas con las manos y le clavé la polla de una estocada, sintiendo cómo su carne cedía a mi embestida, los pelos de su vulva húmedos contra mi piel. La cabalgué como si fuera mi propiedad, golpeando sus caderas contra las mías hasta que los gritos se le atragantaron en la garganta, solo dejándola respirar cuando me corrí dentro de ella, llenándole el culo de mi leche para marcarla. Cuando terminé, su espalda estaba sudorosa y su coño aún palpitaba, pero ya no estaba borracha de alcohol, sino de mi polla. En el suelo, su tanga roto era la única prueba de que no había sido un sueño.