Curvas latinas se besan hasta que imploran correrse
Desde que la vi con ese vestido ajustado que le marcaba el culo prieto y los pechos bien llenos, supe que esta noche no iba a ser como las demás. Me acerqué con la excusa de un masaje en la espalda, pero mis dedos terminaron dibujando círculos alrededor de sus pezones duros como piedras, haciendo que se le escapara un gemido ahogado que me encendió por dentro. Ella, con esos labios carnosos y esa mirada de puta caliente, no tardó en agarrarme de la nuca y pegar su boca a la mía, hundiendo la lengua hasta el fondo mientras sus tetas me aplastaban el pecho. Le apreté las nalgas redondas con una mano y con la otra le metí dos dedos en el coño empapado, sintiendo cómo me los recibía con un espasmo de placer que le sacudió todo el cuerpo. 'No pares, por favor', me suplicó entre jadeos mientras sus uñas se clavaban en mi espalda, pidiéndome más sin decirlo. Cambié los dedos por mi lengua, lamiéndole el cuello hasta llegar a esos pezones rosados que ya chorreaban leche de excitación, y ella se retorció contra la pared, con las piernas temblorosas y el aliento corto. La empujé contra el sofá, le levanté una pierna y le metí la mano entera en la raja, sintiendo cómo su clítoris hinchado palpitaba bajo mis yemas. 'Di que quieres correrte en mis manos', le exigí con voz ronca, mientras mis dedos se movían cada vez más rápido, escuchando cómo los fluidos le resbalaban por las piernas en un charco de lujuria. Ella no pudo aguantar más, se dejó caer con un grito gutural, estremeciéndose como una perra en celo mientras su coño se contraía alrededor de mis dedos, regándome las manos con su leche caliente y espesa. Cuando por fin se recuperó, me miró con esos ojos vidriosos y una sonrisa de puta satisfecha, susurrándome al oído: 'La próxima vez quiero que sea tu boca la que me trague toda' antes de volver a morderme los labios con desesperación.