Dos morenas se sacuden el culo en la cama
Llevaban horas compartiendo tragos y risas en la fiesta cuando una de ellas, con esa mirada picante que solo tienen las morenas de dieciocho años, le pasó un dedo por el labio inferior a su amiga mientras le susurraba al oído lo que ninguna se atrevió a confesar en voz alta. La otra, sin pensarlo dos veces, le agarró la nuca y la besó con lengua mojada, mordisqueándole el cuello hasta que los gemidos empezaron a escaparse entre sus labios pintados de rojo. Se quitaron la tanga a tirones, dejando al descubierto esos culos redondos que llevaban semanas tentándolo a uno en las redes sociales, y se lanzaron sobre la cama como dos perras en celo. Una se puso encima, frotando su coño empapado contra el muslo de la otra mientras le chupaba los pezones duros como piedras, que se le ponían más tiesos con cada lametón que le daba. La de abajo no se quedó atrás: le metió dos dedos en la raja, sintiendo cómo la otra se le retorcía encima, mojándose más con cada embestida de su mano experta. Se besaron otra vez, esta vez con la boca llena de babas y saliva, mientras una le agarraba el culo a la otra y se lo apretaba hasta dejarle las marcas de los dedos. La que estaba abajo le suplicó que le diera más fuerte, que le metiera la lengua hasta el fondo, y la morena no la decepcionó: le abrió bien las piernas, le pasó la lengua por el clítoris hinchado y se lo chupó con fuerza hasta que la otra se corrió gritando su nombre como una puta caliente. Pero no pararon ahí, porque después de recuperar el aliento se dieron la vuelta y se pusieron en cucú, con una empalando a la otra por detrás mientras le agarraba las tetas y le clavaba las uñas en la espalda. Los gemidos se mezclaban con el ruido de los cuerpos chocando, los jugos resbalando por los muslos y el olor a sexo que lo inundaba todo, hasta que las dos terminaron corriéndose juntas, con las piernas temblorosas y los coños tan mojados que el colchón quedó empapado.