Arty Boer se deja masajear por el musculoso de tatuajes
—'¿Seguro que no quieres que te ayude con esos nudos?', le dije mientras mis manos resbalaban por su espalda llena de tinta. El musculoso masajista, con esos brazos como troncos y una polla que apenas cabía en el jock, me miró con esa sonrisa de depredador que prometía más que un simple masaje. La sala estaba cerrada, pero en cualquier momento podía entrar alguien del gimnasio, y eso solo hacía que mi verga se pusiera más dura. Empecé por sus hombros, apretando fuerte, sintiendo cómo sus gemidos se mezclaban con el sonido de mis dedos hundiéndose en su carne. Cuando bajé hasta su culo, ya no aguanté más: le arranqué el pantalón y le hundí la cara en ese agujero apretado, chupando y mordiendo mientras él se retorcía. —'Cuidado, que nos pueden pillar', susurró, pero no paré. Le metí los dedos hasta que gritó, y cuando saqué mi polla, la tenía tan mojada que brillaba. Lo empotré contra la camilla, embistiéndolo con fuerza mientras sus tatuajes se movían con cada estocada. Escuché pasos afuera y me detuve un segundo, pero él me agarró del culo y me clavó más hondo. No pude aguantar: le llené el agujero de leche caliente, sintiendo cómo se le escapaba entre las nalgas. Cuando salí, su culo seguía temblando, y en el suelo quedó mi jock manchado de sudor y semen.