Turista de culo perfecto pide polla y lengua... ¡y se lo dan!
La turista brasileña llegó al hotel con ese culo redondo y bronceado que no podía ignorarse, moviéndose con cada paso como si supiera que todos la miraban. Desde el primer día, el recepcionista no podía dejar de imaginar cómo sería hundirse entre esas nalgas perfectas, cómo sonaría su gemido cuando le metiera la lengua hasta el fondo. Ella, juguetona, se acercaba cada tarde a la piscina con un tanga diminuto, rozando su culo contra el borde de la silla mientras lo miraba con ojos de puta hambrienta. Un día, después de un trago de más, lo llevó a su habitación y, sin decir nada, se inclinó sobre la cama, mostrando ese coño mojado y ese culo apretado que pedía a gritos ser llenado. Él no perdió tiempo: le arrancó el tanga de un tirón, le abrió las nalgas y empezó a lamerle el ano con fuerza, sintiendo cómo ella temblaba y gemía. Cuando ya no pudo aguantar más, sacó su polla dura como roca y se la clavó hasta el fondo, escuchando cómo ella gritaba de placer mientras le azotaba el culo con cada embestida. La folló así hasta que ella le rogó que se corriera dentro, y él lo hizo, llenándola entera mientras ella se retorcía de gusto. Después, exhaustos, se quedaron abrazados, sabiendo que ese encuentro no sería el último.