Soldado alemán se masturba solo en el baño público
El tipo llevaba días poniéndose cachondo cada vez que pasaba frente a los servicios del cuartel, pero hoy no pudo resistirse. Con la puerta apenas entreabierta y el sonido del agua corriendo para tapar sus gemidos, se bajó los pantalones cortos mostrando un rabo grueso y palpitante que ya goteaba por la punta. Se agarraba la polla con fuerza mientras imaginaba manos desconocidas acariciándole los abdominales marcados, sintiendo cómo el sudor le resbalaba por la espalda y le hacía temblar las piernas. Las gotas de leche precoz le caían al suelo de los azulejos fríos, pero no le importaba: solo quería correrse rápido antes de que alguien lo descubriera. Se masturbaba con movimientos bruscos, frotando el glande rojo contra el prepucio mientras se mordía el labio inferior hasta dejarlo blanco. Imaginaba que era otro soldado el que le estaba metiendo los dedos entre las nalgas, preparándolo para algo más grande, y eso lo volvía loco. Un gemido ahogado escapó de su garganta cuando sintió el primer chorro caliente salpicarle la mano y parte del muslo, pero se limpió rápido con el muslo de la camisa antes de que la evidencia quedara demasiado clara. Respiraba como un animal en celo mientras se corría otra vez, esta vez contra la pared del baño, dejando manchas blancas que se mezclaban con el vapor del agua caliente. No le importaba si lo pillaban: el riesgo solo hacía que la polla se le pusiera más dura y que el orgasmo le estallara con más fuerza, haciendo que sus piernas flaquearan por un segundo antes de que todo terminara.