Rubia de tetas grandes se clava la polla del abogado
La abogada rubia no podía concentrarse en los papeles del juzgado cuando él apareció con ese traje ajustado y la corbata mal anudada, su polla marcándose contra los pantalones le hizo morderse el labio inferior mientras sus bragas se le empapaban de calor. Sin decir ni media palabra, él dejó caer los expedientes sobre la mesa y la agarró del pelo para pegar sus labios a los de ella, chupándole la lengua con avidez mientras con la otra mano le arrancaba a tirones la blusa blanca para dejar al descubierto unos pechos enormes y firmes que saltaban al ritmo de su respiración agitada. Ella gimió contra su boca cuando él le apretó los pezones entre los dedos, duro como piedras, y con un empujón la sentó sobre la mesa de roble macizo, esparciendo folios por el suelo mientras sus muslos se abrían solos para dejarle espacio entre sus piernas depiladas y brillantes de lubricante. La polla del tipo, gruesa y palpitante, se frotó contra su coño mojado antes de que él la embistiera sin piedad, clavándosela hasta el fondo con un sonido húmedo que resonó en la habitación mientras ella gritaba su nombre entre gemidos roncos y le clavaba las uñas en la espalda sudorosa. Cuando él la volteó boca abajo, apoyando sus tetas contra la madera fría, el abogado le agarró los cachetes del culo con fuerza para abrirle el agujero bien prieto y empujar su verga anal hasta que ella chilló como una perra en celo, contrayéndose a su alrededor mientras él le soltaba una lluvia de azotes que le dejaron marcas rojas en la piel. Entre gritos y sudor, él le escupió en el coño antes de volver a empotrarla por detrás, esta vez con más rudeza, hasta que ambos estallaron en un orgasmo brutal que les dejó jadeando sobre la mesa revuelta, con su leche goteando por las piernas de ella y manchando el suelo de sus fluidos mezclados. La rubia, aún con los muslos temblorosos, se limpió los labios hinchados y le susurró al oído que en su próximo pleito no necesitaría abogado… porque ya la tenía bien follada hasta el último centímetro.