Negro con polla enorme se corre en su boca
Desde que lo vio entrar al bar con ese bulto entre las piernas, ella no pudo sacárselo de la cabeza ni un segundo. El tipo, alto y de piel oscura, no solo tenía un porte de macho dominante, sino que su verga se notaba enorme incluso bajo el pantalón ajustado. Cuando él se acercó a pedirle un trago y rozó sin querer su muslo contra el de ella, la morena sintió cómo se le humedecía el coño al instante. Sin pensarlo dos veces, lo invitó a su apartamento cercano, donde el aire acondicionado no logró bajar la temperatura de sus cuerpos enardecidos. En cuanto cerraron la puerta, él la empujó contra la pared y le arrancó el vestido de un tirón, dejando sus tetas duras al descubierto mientras le mordisqueaba el cuello con fuerza. Ella gemía como una perra en celo mientras él le bajaba las bragas con los dientes y le lamía el coño empapado, chupando sus jugos con avidez hasta que la morena ya no pudo aguantar más. Entonces él la volteó, le levantó la pierna y le clavó la polla hasta el fondo con un gemido gutural, empotrándola contra la mesa del comedor. Cada embestida era brutal, haciendo que sus tetas rebotaran violentamente mientras ella chillaba de placer, con los dedos enredados en los muebles para no caer al suelo. Cuando sintió que el negro se ponía más tenso y sus pelotas se le pegaban al cuerpo, ella supo lo que venía: un chorro espeso de leche caliente le llenó la boca al instante, obligándola a tragar con ansias para no ahogarse mientras él seguía descargando dentro de ella sin piedad. La corrida fue tan intensa que le manchó los labios, el pecho y hasta se le resbaló por la barbilla, pero no le importó: solo quería más de esa polla que la tenía completamente poseída, sudada y satisfecha hasta que el último espasmo los dejó jadeando, exhaustos y pegajosos sobre el suelo frío del apartamento.