Jefa me mandó a cuidarte... y acabé empotrando a su hijastra
La hija de su mujer llegó con ese culito redondo que se le marcaba en el short ajustado y no pude evitar babear mientras subía las escaleras de su casa. Me dijo con voz de puta mojada que su madrastra me había dejado solo para que la vigilara, pero sus tetas rebotando bajo la camiseta delataban que lo que quería era otra cosa. Le pasé la mano por el muslo y noté que su coño ya chorreaba, así que sin pensarlo dos veces la agarré del pelo y la empujé contra el sofá, arrancándole un gemido de puta que me volvió loco. Ella se quitó el tanga de un tirón y se puso a cuatro patas, ofreciéndome ese culo blanco y prieto que me pedía a gritos que la empotrara hasta dejarla sin aire. Le escupí en el culo para lubricar y metí la polla negra bien dura, sintiendo cómo su coño apretado me tragaba centímetro a centímetro mientras ella chillaba de placer y se agarraba a los cojines. Cambié a vaquera invertida para ver mejor ese chocho goteante que se abría como una flor cada vez que me hundía en ella, sus jugos resbalando por mis pelotas mientras me cabalgaba como una loca. Cuando le metí los dedos en la boca para que chupara mientras le follaba el coño, se corrió gritando mi nombre con esa voz de puta desesperada que me tenía al borde del abismo. Le di la vuelta y la puse boca arriba, clavándole la verga hasta el fondo mientras le comía los pezones duros y ella me arañaba la espalda pidiendo más. Siguió empalada en mi polla, moviendo las caderas como una ninfómana mientras le llenaba el vientre de leche caliente, y cuando por fin se dejó caer exhausta sobre el sofá, su coño seguía temblando y goteando con cada respiración entrecortada.