Nico Vegas atado y amordazado en la silla de ordeño del bar
Esa noche en el bar, la tensión entre Nico Vegas y Valentín Meunier era insoportable. Llevaban semanas mirándose de reojo, intercambiando sonrisas cargadas de deseo, hasta que al fin, entre tragos y risas, terminaron en el almacén oscuro. Nico, con las manos atadas y la boca amordazada, sintió cómo Valentín lo empujaba contra la silla de ordeño, su polla dura rozando su culo apretado. El gemido ahogado de Nico se perdió entre el sonido del motor eléctrico, mientras Valentín le agarraba la verga con fuerza, masturbándolo al ritmo de la máquina. La saliva de Nico chorreaba por la mordaza, sus ojos brillaban de lujuria mientras Valentín le metía la polla hasta las pelotas, haciéndolo temblar de placer. Cada embestida era más brutal, cada gemido más desesperado, hasta que Valentín le ordenó correrse, y Nico lo hizo, llenando el aire con su leche caliente. Pero esto solo fue el principio, porque la próxima vez, Valentín piensa atarlo aún más fuerte.