Milfsandra domina al joven en el burdel de lujo
Aquel día en el centro de placer, te voy a contar cómo este chiquillo inocente terminó de rodillas frente a mí. Desde que entró, su mirada de ciervo asustado me dijo que no sabía lo que le esperaba. Le ordené que se desnudara y se arrodillara, y el muy puto obedeció sin rechistar. Te imaginas cómo se sintió cuando le dije que iba a usar su boca como mi juguete personal? Sus manos temblorosas apenas podían sostener mi polla, pero cuando le metí hasta las pelotas en la garganta, gimió como un perrito. ¿Te gustaría estar en su lugar, tragando mi leche como un buen sumiso? Luego lo tiré sobre la cama y me monté encima, clavándole mi coño bien mojado hasta que sus caderas chocaron contra mi culo. Cada vez que me hundía en su verga, el muy puto rogaba por más, pero yo decidía cuándo y cómo correrme. Cuando al fin le di permiso, se vació dentro de mí con un gemido patético, y yo me reí mientras su semen goteaba por mis muslos.