La madura chubby Alejandra me deja gozar su coño sin limites
Llevaba días mirándome con esa sonrisa de zorra mientras me lavaba el auto en el garaje, rozando su enorme culo contra mi polla cada vez que pasaba cerca. Al fin, una tarde me agarró de la mano y me llevó a su cama, sus tetas rebotando con cada paso mientras se desabrochaba la blusa. Mi verga ya estaba dura cuando me empujó contra el colchón y se sentó encima, mojando mis pelotas con su coño chorreante. La agarré de las caderas para sentir cómo su carne temblaba con cada movimiento, sus gemidos ahogados cuando la penetré de una estocada hasta que las pelotas chocaron contra su culo. Ella se arqueó hacia atrás, dejando que mi polla le rozara ese punto que la hacía gritar como puta en celo. No paré hasta sentirla temblar, sus uñas clavadas en mi espalda mientras yo le llenaba el coño con mi leche. Cuando se bajó jadeando, me miró con esa sonrisa de zorra satisfecha y me dijo: 'Esa polla es mía ahora, niña. No te vas a ir a ninguna parte'.