Milf furiosa reta al joven y se llena de leche en público
El muy cabrón se creyó que podía manejarme, que con esa polla enorme iba a dejarme temblando y suplicando, pero yo le demostré quién manda aquí. Desde que lo vi paseando con ese culo apretado y esos muslos gruesos, supe que tenía que humillarlo, que le iba a enseñar lo que es un coño de verdad. Lo llevé a un parque solitario, donde nadie nos viera, y le dije que si creía que podía aguantar lo que yo le iba a dar. Se rio, el muy estúpido, hasta que le arranqué los pantalones y me senté encima de su verga, gimiendo como una perra en celo mientras lo montaba sin piedad. Sentía cómo mi concha se tragaba cada centímetro de su polla, cómo mis jugos le mojaban los huevos mientras lo cabalgaba como si fuera mi potro. Él intentaba durar, pero yo le exigía más, más rápido, más duro, hasta que sus manos me apretaban las tetas y me clavaba los dedos en las caderas. Me corría una y otra vez, pero no me rendía, no le daba el gusto de verme derrotada. Cuando por fin se vino, lo hice eyacular en mi cara, llenándome la boca y el pecho de su leche espesa, y entonces le susurré al oído: '¿Ves? Ni siquiera pudiste hacerme gritar'.