Donny Sins domina a Serena Hill con su polla monstruosa
Yo sabía que esto estaba mal desde el momento en que la vi entrar en mi habitación con esa mirada de puta inocente, pero no pude evitarlo. Serena Hill, con sus labios carnosos y sus tetas perfectas, se arrodilló frente a mí sin decir una palabra, como si supiera exactamente lo que quería. Su boca cálida y húmeda me envolvió de golpe, chupando con una avidez que me hizo gemir. Sus manos pequeñas pero firmes me masturbaban al ritmo de sus labios, mientras su lengua jugaba con mi glande. La agarré del pelo, tirando con fuerza para meterle mi polla hasta las pelotas, sintiendo cómo se atragantaba pero seguía succionando con desesperación. Sus ojos se llenaban de lágrimas, pero no se detenía, como si el placer de hacerme perder el control la excitara más que nada. Cuando ya no aguanté más, le disparé mi leche directamente en la garganta, viendo cómo tragaba cada gota sin perderse ni una. Ahora, mientras se limpia los labios, sé que está pensando en lo sucia que se sintió al dejarme hacerle esto, pero también en lo mucho que le gustó.