Me empotró con esa verga gigante y me corrí 18 veces
Llevaba días imaginando cómo se sentiría esa polla monstruosa dentro de mi coño apretado, pero nada me preparó para el momento en que la sentí rasgarme por primera vez. Cuando su gorda verga rozó mis labios mojados, no pude evitar gemir como una puta descontrolada, sobre todo cuando me clavó los dedos en las nalgas para empujarme contra la pared. No era un polvo cualquiera, era una follada salvaje donde cada embestida me dejaba sin aire y con el culo rebotando contra sus caderas como si no hubiera mañana. El cabrón me tenía agarrada de los muslos mientras me empotraba con fuerza, haciendo que mi coño chorreante se llenara de leche hasta escurrirse por mis muslos. Sentía su aliento caliente en el cuello mezclado con mis gritos, mientras sus huevos golpeaban contra mi culo con cada envite, dejándome sin fuerzas para resistirme. Entre jadeos y maldiciones, me di cuenta de que no podía parar ni aunque quisiera, porque cada vez que su enorme tronco entraba hasta el fondo, mi cuerpo pedía más como si estuviera poseído. Los espasmos del orgasmo me sacudían sin piedad, mojando la sábana y dejando marcas blancas de corrida que se mezclaban con mi sudor mientras seguía recibiendo su verga hasta hacerme llorar de placer. Cuando por fin se corrió dentro de mí, sentí cómo su leche me llenaba por completo, brotando incluso por mi culo mientras yo seguía temblando con las piernas abiertas y los labios hinchados de tanto follar. No era solo sexo, era una tortura deliciosa donde mi cuerpo no era mío, sino de esa bestia que me usó hasta dejarme exhausta y completamente satisfecha.