Maya Hyuga se deja comer el coño bien rica
Desde que la vi por primera vez en ese video casero con su culo bien redondo y esos pechos naturales que le rebotan al caminar, no podía sacármela de la cabeza. La tipa tenía un morbo que se notaba hasta en la forma de mirarme, con esa boca grande y esos labios carnosos que parecían hechos para chupar pollas o para que le metieran el coño hasta el fondo. Una tarde, después de que su novio se fue a trabajar, me acerqué con la excusa de pedirle ayuda con un problema en el ordenador. Ella, vestida solo con una camiseta corta y sin bragas, se agachó frente a mí para revisar la pantalla, y ahí fue cuando vi su rajita bien mojada brillando bajo la luz. Sin pensarlo dos veces, le agarré la cabeza con fuerza y le metí mi verga hasta la garganta, obligándola a tragar saliva mientras sus tetas enormes se sacudían con cada arcada. Ella gimió fuerte, con ese gemido gutural que tienen las mujeres cuando se les corre el maquillaje de la excitación, y se dejó hacer sin oponer resistencia. Le levanté la camiseta para dejar al descubierto sus pezones duros como piedras y empecé a lamerle el coño con lengua larga y lenta, sintiendo cómo su clítoris se hinchaba bajo mi lengua. Maya no paraba de gemir, con las caderas moviéndose sin control, y cuando le metí dos dedos bien profundos, gritó y se agarró a mis hombros mientras su coño se contraía en espasmos. La puse contra la pared, le bajé la ropa interior de un tirón y la empalé contra el suelo, sintiendo cómo su culo redondo rebotaba con cada embestida y sus tetas le golpeaban el pecho. La llené de corrida hasta dejarla bien babosa, con su coño chorreando y su boca llena de mi leche, mientras ella seguía gimiendo como una puta bien satisfecha y no quería que me fuera. El video quedó para la posteridad, pero lo mejor fue ver cómo se corría una y otra vez, con su cara de puta satisfecha y ese coño que no paraba de gotear.