La puta de mi novia me reta a follarla como nunca antes
Lucía me miró con esa sonrisa de desafío y me dijo: '¿Crees que puedes manejarme?'. Sabía que esta vez no sería fácil, pero mi polla ya estaba dura imaginando cómo le iba a romper el coño. La empujé contra la pared y le arranqué el vestido, dejando sus tetas al aire mientras le mordía los pezones hasta que gimió. Le metí los dedos en la boca para que los chupara bien mojados antes de hundirlos en su coño, que ya estaba chorreando por la excitación. '¿Así quieres que te lo haga, perra?', le pregunté mientras le abría las piernas de una patada. La levanté en el aire y la empalé de una estocada, sintiendo cómo su coño se ajustaba a mi verga como un guante. Cada embestida la hacía gritar más fuerte, y yo no paraba de follarla contra la pared hasta que sus uñas se clavaron en mi espalda. 'No te corras todavía, cabrón', me dijo, pero yo ya no podía controlarme. La tiré en la cama y me puse encima, clavándole la polla hasta que sus caderas chocaron contra mí. Sentía cómo su coño se apretaba alrededor de mi verga, y cuando empezó a gemir más fuerte, supe que estaba a punto de explotar. '¡Dámelo todo, puto!', me gritó, y fue lo último que escuché antes de correrme dentro de ella a chorros, llenándola hasta que no quedó ni una gota. En más de 12 minutos de escena, le demostré que no se juega con un hombre como yo.