Lola S. se deja empotrar por su hijastro bien dotado
Te voy a contar cómo mi coño ardiente no pudo resistirse a la polla de Martin, mi hijastro, cuando me lo encontré en la cocina con esa mirada de deseo que me derritió. Sabía que estaba mal, pero al ver cómo se le marcaba el bulto en los pantalones, no pude evitar acercarme y rozarle el culo con mi mano. Él me agarró de la cintura y me empujó contra la pared, metiendo su lengua en mi boca mientras sus dedos se colaban bajo mi vestido. En segundos, mi tanga estaba en el suelo y su verga dura como roca se hundía en mi coño mojado, haciéndome gemir como una puta en celo. Me subió al mostrador y me penetró de una estocada, clavándome hasta que las caderas chocaron, mientras yo le arañaba la espalda y le pedía más. Luego me puse a cuatro patas en el suelo, ofreciéndole mi culo para que me follara como a una perra, y él no dudó en embestirme con fuerza, haciendo que mis tetas rebotaran con cada golpe. Cuando me corrí, grité su nombre y él se sacó para llenarme la cara de leche caliente, marcándome como suya. Al terminar, Martin se limpió la boca con una sonrisa, pero yo miré hacia la puerta, preguntándome si su padre había escuchado nuestros gemidos.