Candi Annie se traga todo el semen de su marido
La morena de tetas duras y culo prieto se despertó con el olor a café y el sonido de los pasos de su marido acercándose a la cama con esa mirada de cerdo en celo que tanto le ponía. Él ya le había bajado las bragas de encaje negro sin que ella opusiera resistencia, y el coño bien mojado le recibió con un gemido ahogado cuando le metió dos dedos hasta el fondo mientras le mordisqueaba el cuello con saliva babosa. A Candi Annie le encantaba ese juego sucio antes del desayuno, así que se quitó la camisita de seda y se arrodilló en el suelo de madera chillando de placer cuando la polla gruesa y morada de su marido le rozó los labios carnosos. Sin perder tiempo, le agarró el tronco con las dos manos y se lo metió hasta la garganta como si fuera un chupete, ahogándose con cada embestida que le llegaba hasta la campanilla mientras los huevos le golpeaban la barbilla con cada movimiento brusco. Él le agarró la cabeza con fuerza y se la empotró de golpe, escuchando cómo gorgoteaba mientras le chupaba el glande con avidez, tragándose cada gota de pre-semen que le salía como si fuera néctar. Cuando ya no pudo más, la levantó del suelo y la tiró sobre la mesa del comedor, arrancándole las bragas de un tirón mientras ella se retorcía de deseo con las piernas abiertas y el coño chorreando por los jugos de la excitación. Él le clavó la verga hasta el fondo de un solo empujón, haciéndola aullar como una perra en celo mientras le apretaba las tetas duras con las manos sudorosas, embistiéndola sin piedad contra el borde de la mesa hasta que los muslos le temblaban y los gemidos se le convertían en gritos incoherentes. Entre gemidos y babas, ella le suplicó que la llenara por completo, así que él le sacó la polla de golpe, le dio la vuelta como un trapo y se la clavó por detrás con un empujón brutal que le hizo sentir cada vena palpitando en su interior mientras le agarraba el culo prieto con fuerza para no dejarla escapar. Cuando ya no pudo aguantar más, le metió la verga hasta la garganta una última vez y se corrió con un rugido, llenándole la boca de semen espeso que ella tragó como una loca mientras le lamía las pelotas para no perder ni una gota. El marido, exhausto pero satisfecho, le limpió el rastro de babas y leche que le caía por la barbilla antes de darle un cachete en el culo y mandarla a la ducha con una sonrisa pícara, dejando el suelo del comedor manchado de fluidos y sudor como prueba de su follada mañanera.