La ama de casa pequeña se venga con la polla grande de la sirvienta
Es de tarde en la cocina de esa casa de barrio, donde la luz se filtra por las cortinas medio rotas. La tienes de rodillas frente a ti, Dream Sex4, con esos labios carnosos que ya saben cómo chupar una verga como la tuya. Ella te mira con esa sonrisa de puta que sabe que te está partiendo el corazón, que te está follando justo donde más duele. Sientes cómo su boca caliente te traga entero, cómo la saliva le resbala por el mentón mientras te la trabaja con esa lengua perversa. Pero no te conformas con eso: la levantas de golpe, la empotras contra la mesa y le abres las nalgas para hundirte en ese coño apretado que aún huele a otro hombre. Cada embestida es un castigo, cada gemido de ella es tu victoria. La agarras del pelo, la obligas a arquearse para que te sientas más adentro, hasta que las caderas chocan contra su culo redondo. Ella grita, pero no para que pares, sino para que le des más fuerte. Cuando por fin te corres, lo haces con un gruñido que le llena la espalda de tu leche espesa. Y ahí queda, en el suelo de la cocina, su tanga roto como único testigo de tu venganza.