Morena con culo grande se corre bien duro
Desde que la vio por primera vez en la playa con ese bikini negro que apenas le tapaba el trasero, no pudo sacársela de la cabeza. Era imposible no imaginarse cómo se vería esa piel oscura brillando bajo el sol mientras sus gruesas nalgas se movían al ritmo de sus pasos. Cuando por fin se cruzaron en el ascensor, ella lo miró con esos labios carnosos entreabiertos y un suspiro que le erizó la piel. Sin mediar palabra, él la empujó contra la pared y le arrancó el vestido de un tirón, dejando al descubierto unos pechos firmes que rebotaban cada vez que la polla gruesa le golpeaba el coño mojado. Ella gimió fuerte al sentir cómo la cabeza del glande le abría las carnes sensibles, clavándosele hasta el fondo con embestidas que le hacían saltar las tetas de arriba abajo. La morena arqueó la espalda y clavó las uñas en sus hombros mientras él la empotraba contra el espejo, resbaladiza por el sudor y los jugos que le corrían por las piernas. El sonido de los cuerpos chocando resonaba en el pequeño cuarto, mezclado con los gritos ahogados de ella cada vez que la verga le rozaba el punto más profundo. Cuando él le agarró las nalgas con fuerza para abrirle más el culo, ella se dejó caer de rodillas y se tragó toda su polla hasta la garganta, chupando con desesperación mientras los testículos le golpeaban la barbilla. No tardó en sentir cómo se le llenaba la boca de leche espesa y caliente, pero antes de que pudiera tragarla, él la levantó en peso y la tiró sobre la cama, donde la penetró de una sola estocada que la dejó sin aliento. Las contracciones del orgasmo la sacudieron entera, apretando su coño como un puño alrededor del tronco que la atravesaba una y otra vez, hasta que por fin él se corrió dentro con un rugido, llenándola de semen hasta que las sábanas quedaron empapadas bajo sus caderas temblorosas.