Jin Matsui se corre en un espejo lleno de leche
Mis manos sudaban al agarrar mi polla dura como piedra, la tensión entre nosotros era insoportable desde hacía días, cada mirada robada, cada roce casual en la cocina o el pasillo me volvía loco. Sabía que ella también lo quería, que su coño estaba mojado desde que me vio sudando en el gimnasio, con los músculos brillantes y la polla marcándose bajo el pantalón ajustado. Cuando por fin la tuve frente al espejo, supe que no aguantaría mucho. Le ordené que se arrodillara, que abriera esa boca de labios gruesos y me chupara hasta dejarme temblando. Sus gemidos vibraban en mi verga mientras la empujaba hasta el fondo, sintiendo cómo su garganta se cerraba alrededor de mi cabeza. Pero no quería correrme en su boca, no esta vez. La levanté de golpe, la giré contra el espejo y le bajé las bragas de un tirón, dejando al descubierto ese culo perfecto y ese coño depilado que chorreaba por mí. La penetré de una estocada, sintiendo cómo su carne caliente me envolvía, cómo sus paredes se contraían alrededor de mi polla. Cada embestida hacía temblar el espejo, cada golpe de mis caderas la hacía gritar más fuerte, hasta que no pude aguantar más. Me saqué de golpe, la hice arrodillarse otra vez y me corrí en su cara, cubriéndola de leche caliente mientras ella gemía de placer, con los labios entreabiertos y los ojos clavados en los míos. Cuando terminé, ella seguía temblando, con la respiración agitada y el cuerpo cubierto de sudor, pero sus ojos no mentían: quería más.