Mamá japonesa chupando te deja sin aliento con Miho Ichiki
En el sofá de cuero negro de un apartamento minimalista, el aire huele a perfume caro y lujuria contenida. La luz tenue resbala sobre la piel de porcelana de una mamá japonesa que no tiene prisa, pero tú sí. Vas a ver cómo Miho Ichiki, con esos labios carnosos pintados de rojo, se arrodilla frente a ti sin quitarte los ojos de encima, como si supiera exactamente lo que le hiciste a su marido. Te vas a poner durísimo cuando sientas su lengua trazando círculos lentos alrededor de la cabeza de tu polla, humedeciéndola antes de engullirla entera de golpe. No es una mamada cualquiera: es una venganza servida con saliva y gemidos ahogados. Cada vez que retrocede, deja un hilo plateado de baba colgando de sus labios, y cuando vuelve a hundirse, sus mejillas se hunden como si quisiera arrancarte los huevos por la garganta. La mano que no usa para sostener tu polla se clava en tu muslo, las uñas pintadas de negro marcando la piel. Imagínate que es la esposa de tu jefe, y ahora está decidida a dejarte más vacío que su matrimonio. Cuando por fin se corre, lo hace con un grito ronco, la garganta contraída alrededor de tu verga, y al soltarla, te escupe en la cara antes de susurrarte: '¿Ahora quién es el perdedor?'