Hombre musculoso empotra macho en edificio abandonado
El tipo entró al viejo edificio buscando un lugar tranquilo para sacarse la calentura que llevaba días tragándose, pero cuando lo vio agachado entre los escombros, con los músculos marcándose bajo la camiseta sudada y el culo apretado contra los ladrillos, se le secó la boca al instante. No dijo ni pío, solo se acercó y le bajó el pantalón de un tirón, dejando al descubierto una verga gruesa y venosa que le palpitó al aire libre, lista para lo que viniera. El otro ni se inmutó, solo arqueó la espalda y se lamió los labios al sentir el glande rozarle el agujero, que ya chorreaba por los nervios y el deseo acumulado. Las embestidas empezaron lentas, pero en segundos el ritmo se volvió brutal, con las pelotas golpeándole el culo cada vez que se hundía hasta el fondo, arrancándole gemidos guturales que rebotaban en las paredes descascaradas. La polla enorme se clavaba una y otra vez, estirando el culo hasta límites que hacían crujir los huesos, mientras las manos del musculoso le apretaban las nalgas para abrirlo aún más y sentir cada centímetro de carne palpitante dentro. El sudor les resbalaba por la espalda, mezclándose con el polvo del suelo, y el sonido de los cuerpos chocando llenaba el aire viciado, junto con los gruñidos del que recibía y los bufidos del que embestía con saña. Los gemidos se volvieron agudos cuando la verga tocó esa zona sensible que lo dejó temblando, y en menos de un minuto sintió cómo la leche espesa le llenaba las entrañas, quemándole por dentro mientras el otro se corría con un rugido, escupiendo chorros gruesos que le resbalaban por los muslos y manchaban el cemento. Quedaron jadeando, pegajosos y con las piernas temblorosas, pero ninguno quiso moverse todavía, como si el tiempo se hubiera detenido en ese instante de carne y sudor.