Hermanastra mojada recibe leche en el baño
La hermanastra no pudo resistirse cuando la pillé con el vestido mojado pegado al cuerpo, los pezones duros marcando la tela fina y el coño empapado por el vapor del baño. Se giró con una sonrisa pícara, mordiéndose el labio inferior mientras sus tetas enormes rebotaban al caminar hacia mí, el agua resbalando por su piel bronceada. Sin pensarlo dos veces, la empujé contra la pared fría de azulejos, le arranqué las bragas de encaje y le metí la polla hasta el fondo sin avisar, haciéndola gritar con un gemido que llenó el pequeño cuarto de humedad. Sus muslos temblaron al sentirme dentro, el coño estrecho apretándome como un guante mientras sus caderas se movían solas, buscando más. Le agarré las tetas por detrás, amasando esa carne blanda y caliente, y empalé su culo contra mi verga, escuchando cómo el slap de piel contra piel se mezclaba con sus jadeos ahogados. No tardé en notar su coño chorreante, los jugos resbalando por mis pelotas mientras la embestía con saña, el agua del baño salpicando por todas partes. Le tapé la boca con la mano para que no armara escándalo, pero ella seguía gimiendo como una puta en celo, su cuerpo temblando de placer. Cuando sentí que estaba a punto de correrse, aceleré el ritmo, clavándole la polla hasta el fondo una y otra vez hasta que un gruñido gutural escapó de mi garganta. Explosiones de semen caliente le inundaron el útero, la hermanastra se retorció de placer con cada chorro que le llenaba por dentro, su coño palpitando alrededor de mi verga mientras se corría sin control. Quedó pegada a la pared, jadeante y satisfecha, con las piernas temblorosas y el coño goteando leche por todos lados, sin importarle manchar el suelo recién fregado. Me miró con ojos vidriosos y una sonrisa de oreja a oreja, sus tetas subiendo y bajando al ritmo de su respiración entrecortada, pidiéndome más sin decir ni una palabra. Así que no me contuve: la levanté en peso, le volví a meter la polla de una sola estocada y seguí follándola hasta dejarla sin fuerzas, con el baño convertido en un caos de sudor, gemidos y semen.