Mamacita de busto enorme se deja embarazar de un desconocido
La morena de curvas explosivas llevaba el vestido ajustado que le marcaba cada rollito del culo prieto mientras esperaba el metro en la estación vacía. El tipo de traje oscuro no pudo evitar clavarle los ojos en los pechos que le rebotaban con cada paso, imaginando cómo se le verían apretados entre sus dedos. Sin decir ni pío, la agarró del brazo mojado de sudor y la arrastró hasta el baño sucio traseros del andén, donde el olor a orines y desinfectante le erizó la piel al instante. Ella, con una sonrisa de puta viciosa, se bajó el cierre lateral del vestido hasta dejarle los tetones al aire, duros como piedras y goteando leche entre ellos. El desconocido no perdió tiempo: sacó la polla gigante que ya le pesaba en los pantalones y se la clavó hasta el fondo sin aviso, arrancándole un gemido gutural que resonó en las paredes mugrientas. La morena, con las piernas temblorosas, le rodeó la cintura con las piernas y le suplicó que no parara mientras él la empotraba contra el lavabo de porcelana rota, haciendo que su culo redondo botara como un globo rebotando. Cada embestida le sacaba más jugos del coño empapado, que chorreaba por sus muslos mientras él le metía los dedos en la boca para que chupara sus propias cremas. El tipo, sudando como un cerdo, le apretó los pechos enormes contra su cara y le escupió en el ombligo antes de correrse dentro como un animal, llenándole las entrañas de leche caliente hasta que el semen le chorreó por las piernas. La morona, con la boca entreabierta y los ojos vidriosos, se quedó ahí, temblando, con la barriga ya hinchándose bajo el vestido pegajoso mientras él se abrochaba el pantalón con una sonrisa de satisfacción. El olor a sexo y a leche derramada inundaba el baño asqueroso, pero a ella no le importaba: solo quería que la volviera a coger como una puta ansiosa por más.