Colombiana con curvas recibe pollas gruesas de italianos
La morena de piel dorada y curvas de infarto llevaba días coqueteando con esos italianos altos y musculosos que alquilan el piso de arriba. Cuando la pillaron sola en la sala, con las tetas casi desbordando el top ajustado y el culo redondo apretando el short de lycra, no pudo resistirse. Uno de ellos, con una polla que parecía una porra, le agarró la nuca y la empujó contra el sofá mientras el otro le bajaba el short de un tirón, dejando al descubierto un coño depilado y chorreando. La colombiana soltó un gemido animal cuando sintió la punta gruesa rozándole el clítoris, ansiosa por que la empalara de una vez. El primero se colocó detrás, le separó las nalgas con las manos y le metió la verga de golpe hasta el fondo, haciendo que la morena gritara con los ojos en blanco y las uñas clavadas en los cojines. El segundo italiano no perdió el tiempo y se acercó por delante, le agarró las tetas enormes y le metió la polla en la boca, ahogándola con cada embestida mientras ella le chupaba con desesperación, el sabor salado mezclándose con el sudor de sus cuerpos. La colombiana no paraba de mover el culo, recibiendo cada embestida con un sonido húmedo de carne contra carne, mientras los italianos se turnaban para follársela en todas las posturas posibles: de perrito, a horcajadas sobre el regazo del primero, incluso con ella de pie contra la pared mientras uno le lamía el coño desde atrás. Los gemidos llenaban el apartamento, mezclados con los sonidos de piel mojada y los gruñidos de los hombres al correrse dentro de ella, llenándole el coño y el culo de leche espesa hasta que no quedó ni gota. Cuando por fin la soltaron, la colombiana quedó tirada en el suelo, con las piernas temblorosas, el maquillaje corrido y una sonrisa de satisfacción en la cara, sabiendo que esos italianos le habían dado el mejor revolcón de su vida.