Rubia tetona se masturba con consolador gigante
La rubia de tetas duras y enormes se contonea en el espejo con esos tacones que hacen clic cada vez que cambia de postura, mordiéndose los labios rojos mientras se le escurre el coño al ritmo de sus gemidos ahogados. Se quitó el sujetador de encaje negro solo para dejar que sus tetas reboten libres y palparlas con las dos manos, pellizcándose los pezones rosados hasta que se le ponen duros como piedras. Luego agarró ese consolador rosado de por lo menos veinticinco centímetros, con vetas gruesas que imitaban perfectamente una verga bien dura, y lo enchufó a toda velocidad entre sus piernas depiladas, sintiendo cómo la punta le rozaba el clítoris hinchado al primer empujón. No pudo evitar gritar cuando la varilla de silicona le abrió la raja hasta el fondo, empalándola sin piedad mientras se le clavaban las uñas pintadas en la carne de los muslos al sentir cómo la humedad le resbalaba por las nalgas redondas. Cada embestida le arrancaba un quejido ronco, mezclando el sonido de la carne chocando contra carne con los chapoteos de su coño empapado que no paraba de gotear sobre el sofá de cuero negro. Se retuerce con los ojos vidriosos, la espalda arqueada y la boca abierta dejando salir chorros de babas mientras la polla de plástico le destroza el coño a base de empotres profundos, sintiendo cómo el consolador le llega hasta el útero cada vez que lo clava hasta el fondo. Los muslos le tiemblan, los gemidos se vuelven más agudos y la piel se le pone de gallina cuando nota que el orgasmo se le acerca como un tren desbocado, con la espalda encorvada y las tetas botando sin control mientras la corrida le chorrea por la raja hasta empapar el cojín donde tiene el culo apoyado. Cuando por fin se corre, suelta un alarido bestial, se muerde el labio inferior hasta casi sangrar y se queda temblando con las piernas abiertas, mostrando cómo su coño palpitante sigue chorreando leche caliente incluso después de que el consolador le haya sacado hasta la última gota de placer.