Hermana latina mojada recibe verga en coño prieto
La cabrona de su hermana menor llevaba días provocando con esos shorts ajustados que le marcaban el culo prieto mientras se agachaba a recoger cosas del suelo, dejando ver cómo el tanga le resbalaba entre los cachetes mojados. Él no pudo resistirse cuando ella se le acercó con esa sonrisa pícara y le susurró al oído que quería sentir su verga dentro del coño bien apretado que tanto le había imaginado. Sin pensarlo dos veces, la empujó contra la pared del pasillo y le arrancó la blusa para morderle los pezones duros mientras le metía los dedos en el coño empapado, escuchando cómo gemía y se retorcía de placer. Ella se dio la vuelta al instante, apoyando las manos en la pared y sacando ese culito redondo y tembloroso que lo volvía loco, rogándole que la empotrase fuerte por detrás. Él no necesitó más invitación: con un golpe seco le clavó la polla hasta el fondo, sintiendo cómo el coño le apretaba la verga como un puño mientras ella gritaba de éxtasis y le pedía que no parara. Las embestidas eran brutales, con cada empujón los pechos le rebotaban y el sonido húmedo de la carne chocando contra carne llenaba la casa, mezclado con los gemidos roncos de ella suplicando más. Él le agarró la cintura con fuerza, hundiendo los dedos en esa carne blanda y caliente mientras aumentaba el ritmo, haciendo que el coño le chorreara jugos por todas partes. Cuando sintió que ella estaba a punto de correrse, le dio la vuelta y la tiró al suelo, abriéndole las piernas para lamerle el coño empalagoso y hundirle la lengua hasta la garganta mientras ella se retorcía bajo su boca. Pero él quería más: se puso de pie y le apuntó con la verga goteante directo a la cara, ordenándole que se la chupara bien hondo mientras le agarraba los pelos y le metía la polla hasta la garganta una y otra vez. Ella obedeció sin rechistar, con los labios bien estirados alrededor de la verga gruesa mientras le miraba con esos ojos traviesos, saboreando cada centímetro de carne caliente que le resbalaba por la lengua. Cuando sintió que no podía aguantar más, se corrió con un rugido, disparándole chorros gruesos de leche caliente por toda la cara, el pelo y esos pechos que tanto le habían vuelto loco, dejando a la hermana con la boca llena y el coño chorreando de tanto placer.