Hermana colombiana se masturba con almohada en su cuarto
Desde que llegó la visita de su hermana menor, la casa olía a sudor dulce y a excitación contenida. La muy zorra no paraba de lamerse los labios mientras se desnudaba frente al espejo, dejando caer la tanga al suelo con un gesto lento que hacía temblar cada músculo de su cuerpo. Con las piernas bien abiertas y los pies descalzos rozando el piso frío, se frotó el coño depilado contra la almohada, sintiendo cómo el algodón se humedecía con sus jugos al instante. Los gemidos le salían guturales, mezclados con jadeos agudos cada vez que la tela le rozaba el clítoris hinchado, un ritmo que solo ella podía controlar. Se pasó los dedos por el vientre plano, marcando cada abdominal con uñas pintadas de rojo mientras se masturbaba sin pudor, imaginando que era la verga de algún desconocido la que la empotraba contra la pared. La almohada ya estaba empapada de su leche, pero seguía frotándose con más fuerza, sintiendo cómo el orgasmo le quemaba por dentro como lava. Los muslos le temblaban sin control, el culo le botaba al ritmo de sus embestidas imaginarias y los pechos, pequeños pero firmes, se sacudían con cada movimiento brusco. Cuando por fin se corrió, un chorro grueso le resbaló por el muslo mientras gritaba como una puta en celo, sin importarle si alguien la escuchaba desde el pasillo. La escena terminó con ella jadeando, la almohada deshecha y el coño más mojado que nunca, pero con las ganas de más bien metidas en la cabeza.