Mike el carioca se folló a una latina ardiente
Desde que lo vio llegar con esa sonrisa pícara y ese culo prieto bajo el short ajustado, ella no pudo sacarse de la cabeza el bulto que se le marcaba en la tela. La brasileña de curvas explosivas estaba recostada en la hamaca del hostal cuando él se acercó con ese aire de carioca confiado, mordiéndose el labio mientras le pasaba la mano por el muslo hasta colarla entre sus piernas para comprobar lo mojada que estaba su tanga. Ella gimió fuerte cuando los dedos expertos le rozaron el coño empapado, sintiendo cómo el calor le subía por la espalda mientras él le susurraba al oído con esa voz ronca que le iba a nacer un hijo de puta de placer. La tumbó boca arriba sin aviso, le arrancó el bikini de un tirón y se abalanzó sobre sus tetas duras como piedras, chupando cada pezón hasta que ella le clavó las uñas en el culo duro mientras se retorcía debajo de su cuerpo viril. Él la empaló sin piedad contra la hamaca, metiéndole la polla gruesa hasta el fondo mientras ella gritaba de éxtasis con cada embestida profunda que le sacudía las entrañas, dejando manchas de sudor y crema en la lona. Las gotas de su corrida caliente le resbalaron por el muslo cuando se corrió dentro de ella entre jadeos animales, dejando a la latina temblando con los muslos temblorosos y los labios hinchados de tanto chupar. Él se quedó ahí, con la verga aún palpitando dentro de ese coño estrecho que lo había dejado sin aliento, mientras ella le pedía más con esa voz de puta necesitada que solo él podía satisfacer.