Chiquita latina se rebela y la empotran en el sofá
La morena de culo prieto y cintura de avispa llevaba esos shorts ajustados que le marcaban el coño hasta dejarla sin aire cada vez que se agachaba, y él no pudo aguantarse más cuando la vio mordiéndose el labio mientras le servía un trago. Le arrancó la blusa de un tirón al acercarse, sus tetas pequeñas pero duras se le escapaban entre los dedos mientras le chupaba los pezones con avidez, haciéndola gemir como una perra en celo. La empujó contra el sofá hasta que su culo quedó colgando del borde, le bajó los shorts de un tirón y le lamió el coño empapado con la lengua bien ancha, sintiendo cómo los jugos le resbalaban por la barbilla mientras ella le tiraba del pelo gritando que no parara. La levantó en peso para ponerla en cuatro patas sobre los cojines, le escupió en el culo y se lo abrió con las manos antes de clavarle la verga hasta el fondo sin avisar, haciéndola aullar como si le estuvieran matando mientras la empalaba una y otra vez con embestidas que le sacudían las tetas menudas. Ella se agarraba a los reposabrazos con fuerza, su coño chorreante se le pegaba a los huevos cada vez que él la embestía desde atrás, sintiendo cómo su verga gruesa le llegaba hasta la matriz mientras los gemidos se le atragantaban en la garganta. Cuando él le agarró las caderas y la levantó para darle con más fuerza desde abajo, ella no pudo más que dejarse llevar, su cuerpo delgado temblaba como gelatina mientras el sudor le resbalaba por la espalda y los muslos se le llenaban de marcas de sus dedos. Él le pasó la lengua por el lóbulo de la oreja antes de susurrarle que se corriera sobre su polla, y en cuanto ella sintió el primer espasmo del orgasmo, él le llenó la boca con su leche espesa mientras le agarraba la nuca para que no se escapara ni una gota. La dejó caer sobre el sofá, jadeando y con las piernas temblorosas, mientras él se limpiaba los restos de corrida de la cara con el dorso de la mano y sonreía al ver cómo su coño seguía goteando entre sus muslos.