Estudiantes traviesos follando en el campus
—Shhh, cállate, que si nos escuchan nos echan de la universidad— susurró Mey Max mientras Bryan De Ferro le mordía el cuello, sus manos apretando sus tetas con fuerza. Imagínate que estás ahí, escondidos en el cuarto de limpieza, el olor a lejía mezclándose con el sudor de sus cuerpos. Bryan le bajó los pantalones de un tirón, dejando al descubierto su coño rosado y ya mojado, temblando de anticipación. Te vas a poner durísimo cuando veas cómo Bryan le clava la polla de una estocada, haciendo que Mey arquee la espalda y muerda su propio brazo para no gritar. Cada embestida resonaba contra las paredes de azulejos, el sonido de la carne golpeando la carne ahogado por sus jadeos contenidos. Bryan la empujó contra la pared, levantándole una pierna para meterla más hondo, sus bolas chocando contra su culo con cada movimiento. Mey no podía evitar gemir, sus uñas marcando la espalda de Bryan mientras él la penetraba sin piedad, sus muslos temblando. De repente, escucharon pasos afuera y se quedaron quietos, conteniendo la respiración. Bryan le tapó la boca con una mano mientras seguía follándola despacio, sintiendo cómo su coño se apretaba alrededor de su verga. Cuando los pasos se alejaron, Bryan aceleró el ritmo, empotrándola con fuerza hasta que Mey se corrió, sus fluidos chorreando por los muslos. Bryan se sacó y le disparó toda la leche en el vientre, su semen caliente goteando entre sus tetas. Al salir, se encontraron con la secretaria del departamento, que los miró con una sonrisa pícara.