Estatua gigante empotra a Lara Croft el culo en isla
Lara Croft acababa de llegar a la isla buscando tesoros cuando un escalofrío le recorrió la espalda al ver esa estatua gigante de piedra con detalles tan obscenos que parecía respirar. La cosa tenía un miembro enorme y palpitante que le colgaba entre las piernas como si estuviera vivo, y sin pensarlo dos veces, la muy perra se acercó para tocarlo con sus dedos temblorosos mientras gemía de pura lujuria. La estatua, fría al principio, empezó a calentarse bajo su mano y de repente cobró vida, agarrándola del pelo con fuerza bruta y empotrándola contra la pared de roca con un golpe seco que le hizo gritar de dolor y placer al mismo tiempo. La polla de la estatua, venosa y gruesa como su antebrazo, se clavó en su culo prieto sin piedad, abriéndoselo de un solo envite que la dejó sin aliento y con las tetas rebotando salvajemente al ritmo de las embestidas brutales. Lara, convertida en una zorra descontrolada, chillaba como una posesa mientras la verga artificial le reventaba las entrañas, empapando el aire con los sonidos húmedos de carne golpeando carne y su coño chorreando de excitación sin poder parar. Cada vez que el artefacto la penetraba hasta el fondo, sus nalgas se abrían como un abanico dejando ver cómo la polla desaparecía dentro de ella mientras los jugos le resbalaban por los muslos en ríos espesos y blancos. La estatua no se conformó con follársela por el culo, sino que le ordenó que se arrodillara en la arena mojada para chupársela hasta dejarla sin voz, tragando cada gota de leche espesa que le escupía en la garganta mientras le agarraba la nuca con saña. Cuando por fin terminó de correrse dentro de su culo, la estatua la levantó como si no pesara nada y le dio la vuelta para empalarla de nuevo, esta vez con sus grandes tetas aplastándose contra el suelo mientras el semen le goteaba por las piernas y le resbalaba hasta los tobillos. Lara, exhausta pero más cachonda que nunca, solo atinó a susurrar palabras obscenas mientras la estatua la penetraba una y otra vez hasta que el sol se puso y la isla entera quedó cubierta por los restos de su follada salvaje.